lunes, 13 de junio de 2016

Ecos

Hace mucho tiempo que no escribo aquí, a veces pienso que demasiado.

También pienso que los blogs han pasado de moda y que no hay nadie que los lea. Es cierto que comencé escribiendo para mi, y que me sorprendí al tener unos cuantos lectores, y también es cierto que ésos lectores me alentaban a seguir compartiendo.

Hoy, siento que los he abandonado y estoy aquí escribiendo para mi de nuevo, quizá sea una señal, quizá sea sólo un ciclo, pero lo que es verdad es que siento nuevamente la necesidad de plasmar mis pensamientos aquí.

Hay muchas cosas que están cambiando en mi vida, pero no es el momento de hablar de ellas, se tienen que dar cada una a su ritmo y trataré de compartirlas en su momento, si aún hay alguien que lea aquí.

Por lo mientras, éstas palabras serán como ecos, de lo que fue, y con suerte, de lo que será.

eco, eco, eco...

sábado, 8 de noviembre de 2014

DIALOGOS CON MI PADRE

La reciente celebración de día de muertos es ya la segunda en la que pongo una foto de mi papá en el altar, sin embargo, es la primera vez que lo asimilo como tal; el año pasado con poco más de un mes de su fallecimiento, todo estaba demasiado fresco y ver su foto en el altar me parecía surrealista.

Este año fue distinto, el altar se preparó con días de anticipación, cuidando que todos los detalles estuvieran presentes, preparándome para la llegada de mi padre a casa.

No confundan mi romanticismo como una afrenta a mi declarado escepticismo y ateísmo. Pero la celebración del día de muertos siempre ha sido de mis celebraciones favoritas debido a la alta carga de simbolismos, sincretismos, colorido y porqué no decirlo, porque es lo más alejado a la navidad que puede haber. Lo que hace de todo el ritual uno que no puede ser pasado por alto en mi hogar.

Pero estoy divagando y el título de mi entrada es muy distinto a lo que estoy expresando hasta ahora.

Los diálogos con mi padre fueron prácticamente inexistentes durante toda mi niñez, limitándose a los "¿Cómo te fué?" "¿Quieres desayunar?" y el "Buenas noches".

Lo escuché con frecuencia entablar disertaciones y debatir acerca de multitud de temas, y ocasionalmente pude preguntar y recibir una amplia respuesta muy a su estilo de orador implacable.

Fue hasta que se fue de casa que comencé a platicar con él. Quizá por primera vez nos encontramos con un motivo para vernos y por tanto, con la necesidad de saber qué pasaba con el otro más allá de la obviedad de lo observable.

Descubrí a través de aquellas tardes con mi padre cuánto me parezco a él, que soy inevitablemente un producto de su influencia, más allá de la crianza, de la cual no sé si existió o no.

Hablar del cosmos, de política, de religión, de educación, de tradiciones, cultura popular, vino, comida, ciencia, y hasta de animales durante una comida o una cena se volvió un ejercicio placentero y un pretexto para estar al tanto de la vida del otro.

Durante meses, he extrañado a mi compañero de pláticas, hasta que hace poco menos de dos meses, me di cuenta de algo: En todas, nuestras pláticas había comida y bebida de por medio. Nuestras citas siempre se daban en sus restaurantes favoritos, o en los míos. Y platicábamos de todo aquello mientras compartíamos algo que hoy nos une más allá de las ideas. Me di cuenta de que platico con mi padre cada vez que me meto a la cocina (algo que siempre me atrajo y que hoy practico cada vez con mas pasión e ingenio). Cada vez que preparo algún plato que él me preparaba, que compartimos juntos, o que me pongo a improvisar con las sobras del refrigerador, siento las manos de mi padre guiando mis manos, sus extraños experimentos de sabor guiando mi incipiente intuición. Cada vez que tomo un riesgo, que encuentro nuevos sabores o que repito alguna de sus recetas mágicas, sé que está conmigo.

Los diálogos con mi padre ya no pueden expresarse con palabras, hablo con él cada vez que huelo el vapor para saber si la cocción está terminada; cada vez que decoro un plato con yerbas o crema; cada vez que busco nuevos sabores o reencuentro viejos sabores olvidados.

Más allá del romanticismo de la idea del día de muertos, de su visita a través del discurso de tan bella tradición, he descubierto que mi padre me visita varios días a la semana, cada vez que prendo la estufa y me llevo la cuchara a la boca.

Bienvenido a casa papá.

viernes, 3 de enero de 2014

viernes, 22 de noviembre de 2013

DÉJAME VOLVER CONTIGO

Hoy en la mañana, se subió una chica, de unos 25 años al metro con un bebé en brazos. No había nada en ella que te llamara la atención: de unos 1.55 cm. tenis, mezclilla, una blusa a rayas, el descuidado pelo apenas agarrado en una cola de caballo, una pañalera gastada color azul y su bultito envuelto en un chal gris.

No dio ninguna introducción, de pronto de ésa pequeña y gris chica, explotó una voz potente, clara y llena de sentimiento:

"Déjame volver, volver, contigo..."

Nunca he sido fan de las rolas de tipo Dulce, Lupita Dalesio o Yuri de los 80's, pero esa voz me desgarró por dentro, puse atención a cada una de sus palabras pasando por alto sus extrañas pausas causadas por no saber respirar. ¡Qué mas da! Un diamante en bruto, un paisaje agreste, un animal exótico, fuerte e indomable.

De pronto, entre canción y canción, una manita se asoma de entre su chal, un gorrito rosado, y luego una bebita hermosa, con su ropita cuidada y una mirada viva. La voz de ella se transformó para volverse suave y melodiosa al tiempo que le hablaba a la niña: "¿qué tienes amor? ¿Qué sucede? Si, te amo".

Calmó a la niña, la envolvió otra vez y como si de otra persona se tratara, regresó la titánica voz:

"Cuando supe toda la verdad, señora..."

No puedo sacarme su voz, de la cabeza.


jueves, 14 de noviembre de 2013

MI PADRE

He estado ausente durante mucho tiempo del blog, han pasado muchas cosas y de pronto pocas parecen importantes, porque hay un pensamiento que inunda mi cabeza: Mi padre.

Nació el 23 de Marzo de 1948, primogénito del matrimonio de un QFB (Es casi todo lo que sé de él) y una india Nahua que mi abuelo se robó para casarse con ella.

Nació en casa, a la vieja usanza, en una casa de un típico estilo colonial en La Estrella Gustavo A. Madero; le amarraron las manos con cintas rojas de niño y no habló hasta que a los tres años, mi abuelo capturó un gorrión y lo hizo cantar en su boca. A partir de ahí no hubo fuerza que lo pudiera hacer callar.

Mi abuela tuvo múltiples embarazos, y mi abuelo, por lo que parece, crisis de alcoholismo y una estabilidad laboral que pocos quieren. Así que mi padre fungió como padre (y a veces madre) de varios de sus hermanos. Hizo talachas con mi abuelo, aprendió a cocinar por necesidad. "Había que darle de comer a todos, y no había para escoger, así que abría el refri e improvisaba con lo que encontraba", me explicó un día que, sorprendido de su creatividad y sazón, le pregunté quién le había enseñado a cocinar.

Se casó a los 16 años. Yo supongo que en una búsqueda por huir de las responsabilidades que injustamente le habían asignado, y en todo caso... buscar las propias, tuvo dos hijos, mis medios hermanos que tras la separación de sus padres vagaron de casa en casa siendo los hijos de nadie. Trogloditas, bruscos, maltratados y sencillos, se les hizo ver su suerte en cada nuevo hogar.

Mi padre fue reconocido como "todo un caballero" por cuanta mujer tuviera cerca. Era del tipo clásico, siempre peinado, siempre de traje y corbata, aún portando pañuelo de tela en todo momento, siempre perfumado y con un uso esmerado y disciplinado del lenguaje que rayaba en lo excesivo cuando de ocasiones triviales se trataba.

Fue actor, artista plástico,  orador, velador, obrero, supervisor de fábrica, entrenador deportivo, un oficinista incansable, un lector insaciable y un gourmet a quien le faltó tiempo para probar de todo.

Conoció a mi madre trabajando. Ella se enamoró de su rectitud, su disciplina y su excelencia, y de ésos pequeños detalles como las gardenias que mi papá le compraba a la viejita que vendía flores sobre la Alameda Central, y que conocí tiempo después.

Después de 10 años de noviazgo, mi papá se decidió a casarse con mamá. La ceremonia por sus detalles y por lo sucedido en la fiesta, aún son recordados con risas y sorpresas.

Yo lo idolatré de pequeño, dormía sobre su pecho, lo esperaba por las noches para que me leyera mis cuentos. Le temí en mi infancia, su mirada estricta y sus expectativas para con mis resultados en la escuela siempre fueron una espada en mi espalda; de adolescente lo aborrecí, en la universidad lo olvidé y después, ya como un hombre adulto, tras su divorcio con mi madre, me encontré con un hombre con quien hablar de aquello que no compartía con nadie más que con él. Una visión práctica de la vida, la comida y las mujeres.

Nos enseñamos mutuamente, y nos llegamos a identificar a tal punto, que muchas veces sobraban las palabras para saber lo que quería decir el otro. Comíamos bebíamos y hablábamos a medias, a veces a muy enteras, contando chistes y comentando las últimas noticias.

Siempre besé a mi padre, para saludarlo y para despedirme.

La última vez que lo besé fue el pasado 1 de septiembre, me despedí por última vez de él, le di un beso en la mejilla, y lo dejé partir, con sus pulmones ahogados en el agua que retenía y su estómago lleno de las viandas que le procuraron durante las últimas semanas.

Con frecuencia lo extraño, y algunas veces, aún me duele mucho. Como cuando por primera vez vi su foto en mi amado altar de Día de Muertos, me duele cuando veo lo que le pasó a la Secretaría por la cual luchó y cuando alguien, aún no enterado, me pregunta con afecto por él.

Mi padre seguramente tendría más talento para escribir éstas líneas del que yo tengo hoy, pero hay días, los días en que más falta me hace, en que más lo extraño; que me miro al espejo, mis ojos, mi sonrisa, mis nacientes arrugas, mis labios apretados y mis ojeras permanentes y me percato de que mi padre, se aseguró de seguir viviendo aún con su cuerpo bajo tierra. Mi padre, vive en mi.

jueves, 25 de julio de 2013

PENSANDO EN NADA

Han sido semanas complejas. En el trabajo, la jefa francesa hace gala de hablar español, aunque no sé si de entenderlo cuando le decimos que el reporte que pidió no puede estar terminado en tres horas, cuando originalmente no lleva una semana; además, ya rodó la primera cabeza del tan temido recorte de personal, aún no sabemos cuántas vengan, pero vendrán. Reportes, visitas, capacitaciones, correcciones, ajustes y convenios son exigidos y esperados con la misma actitud impasible, esperando que los de abajo, simples mortales, encontremos la forma de complacer el hambre de los autonombrados (después de que rodó la primera cabeza) Dioses.

Con mi novia hemos comenzado un nuevo ciclo, ahora la casa la habitan dos, en un intento de llamarlo "hogar". Mi flaquita ha demostrado una paciencia y una entereza de la que no la creí capaz.

Y mi padre, mi viejo. Está atravesando el que puede ser su último viaje, se encuentra hospitalizado. El diagnóstico: Grave. Falla renal, agua en los pulmones, problema cardiaco, niveles de potasio y no sé cuántas cosas más por los cielos. Yo ya di la orden, sin tubos y sin resucitación. -Es lo que él quería, contesto cada vez que alguien me escucha diciendo que deseo que se vaya pronto. -Él quería una muerte rápida y fulminante, yo no se la puedo dar, pero tampoco se la voy a quitar.

Mi proyecto empresarial tendrá que esperarme, las vacaciones cancelarse, aunque ahora tengo una deuda y un boleto de avión cancelado.